¿Alguna vez te has preguntado qué tienen los productos de Apple que todo lo que lanzan al mercado parece ser exitoso? ¿No te parece increíble como cada vez presentan productos más sofisticados y mejorados con respecto a la versión anterior, y siguen satisfaciendo las expectativas de los clientes? Yo también me he hecho estas preguntas. Y es que detrás de estos productos hay una clave: cada vez son menos complejos.

Esta afirmación podría ponerse en tela de juicio cuando sabemos que la tecnología ha avanzado a tal punto, que cuando cogemos un dispositivo electrónico sabemos que detrás de eso hay una complejidad terrible. Pero el éxito de Apple radica justamente en saber esconder la complejidad de los productos y presentarlos al cliente cada vez más simples. Se trata de garantizar que un dispositivo electrónico tenga la capacidad de hacer más cosas, usar menos tiempo, ser más pequeño, más agradable a la vista y fácil de usar.

“La simplicidad consiste en quitar aquello que es obvio y añadir lo importante” es la punta de lanza de John Maeda, estadounidense-japonés que se ha dedicado a investigar, documentar e introducir Las Leyes de la Simplicidad. Los ideales de Maeda han revolucionado la manera de diseñar los productos ya que revela que lo que valoran los clientes, además de la versatilidad de un producto para cubrir sus necesidades, es la sencillez con la que se presenta y la facilidad para usarlo.

Apple y Maeda han trabajado en conjunto sometiendo sus productos a una evaluación exhaustiva de las diez leyes de la simplicidad antes de lanzarlos al mercado. ¿Acaso no te has preguntado a qué se debe el éxito del iPod?

La respuesta es simple: presentarlo cada vez más sencillo.